Errores habituales en una auditoría de marketing digital
Una auditoría mal hecha es peor que no hacerla, porque te deja tranquilo. Estos son los cinco fallos que me encuentro una y otra vez, y valen tanto si te la hace alguien como si te la haces tú.
Auditar sin saber qué necesita el negocio. Si no sabes cuántos clientes te hacen falta al mes ni cuánto puedes pagar por cada uno, no hay forma de decir si un resultado es bueno o malo. La auditoría empieza en la cuenta de resultados, no en las herramientas.
Quedarse en los datos bonitos. Visitas, seguidores, impresiones: esas métricas vienen solas y siempre se pueden contar hacia arriba. Lo difícil es llegar a lo que te cuesta un cliente. Si una auditoría no llega ahí, no ha terminado.
No priorizar. Una auditoría que te encuentra cuarenta cosas y no te dice por cuál empezar no te activa: te paraliza. Y lo normal, cuando se abre una lista así, es cerrarla.
No hacer seguimiento. La auditoría es el punto de partida. Si en tres meses nadie ha mirado si los cambios funcionaron, el trabajo se ha perdido entero. Por eso lo que se entrega es una hoja de ruta con meses, y no un informe con fecha.
Fiarse de los datos sin comprobarlos. Antes de concluir nada hay que verificar que lo que cuenta la analítica es lo que pasa de verdad. Sacar conclusiones de una medición rota es firmar decisiones caras con información falsa.